Carlos Carballo: “Vivimos una epidemia que tiene que ver con la calidad de los alimentos y nuestros hábitos” 24

Carlos Carballo

La Ley de Emergencia Alimentaria ha puesto bajo la lupa cómo están comiendo los argentinos.

Si uno tuviera que hacerse la imagen de un ingeniero agrónomo en nuestro país, pensaría en una persona detrás de un escritorio trabajando para una gran empresa multinacional, leyendo suplementos y revistas relacionadas al campo, decidiendo qué semilla transgénica o qué aditivo comprar para aplicar y maximizar las ganancias en una gran plantación destinada a un monocultivo, probablemente de soja o maiz. Pero Carlos Carballo de ninguna manera daría con ese perfil. A él lo vas a encontrar con los pies en el barro de la realidad social argentina y del trabajo cotidiano de la agro-ecología, transmitiendo a sus alumnos y colegas un carisma amistoso y una amorosa disposición de maestro y abuelo el quehacer cotidiano.

Todos los viernes por la tarde el está en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires pero no dando clases en un aula sino en el fondo, al costado de un camino delimitado por árboles y arbustos, bajo una carpa blanca que protege del sol los bolsones de verdura agro-ecológica producida en la facultad o por emprendimientos que siguen la misma filosofía. Es decir, lo vas a encontrar predicando con el ejemplo, a sus 60 y pico de años, en la tarea de promover un comercio justo en varios sentidos, acercando productos de calidad a la realidad del bolsillo popular. De eso se trata un poco la iniciativa de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria que él comanda desde hace muchos años, un espacio se enriquece con el aporte voluntario de sus miembros y abierto a todo aquel que le interese participar.

Es que la alimentación es un tema serio y en Argentina se debería haber abordado desde una nueva perspectiva. Recientemente, el Indec publicó dos documentos muy preocupantes. Uno es el que la pobreza alcanzó el 34,5% de los argentinos y el otro es que el 60% tiene enfermedades relacionadas con la mala alimentación. Datos que retratan las consecuencias en la sociedad del actual sistema de acceso, consumo y producción de los alimentos en nuestro país.

Entrevistador: – Recientemente se ha sancionado la Ley de Emergencia Alimentaria, una rápida respuesta ante el creciente número de pobres. ¿Qué piensa sobre las políticas de producción y acceso a los alimentos que se que se han implementado?

Ing. Carlos Carballo: – La Ley de Emergencia Alimentaria hizo un reconocimiento formal de una problemática muy grave pero nosotros hemos participamos en la discusión de los primeros borradores del proyecto hace dos años y medio atrás y estuvieron cajoneados. Se agudizó la situación. Pensamos que la emergencia y urgencia no tendría que perder de vista que estamos reflexionando una problemática central para el desarrollo de Argentina porque, por un lado, de la misma forma que decimos que cinco millones de argentinos no están comiendo adecuadamente, decimos que 15 millones de personas en Argentina y el 55% de nuestros pibes son pobres, por otro lado tenemos las dos terceras partes de la población, el 60% de la población con sobrepeso y obesidad. Tenemos más de un 30% de la población con valores muy elevados de colesterol, tenemos un 10% de diabetes y está creciendo enormemente la cantidad de enfermedades no transmisibles a tal punto que estamos hablando de una epidemia que tiene que ver con la calidad de la alimentación y nuestros hábitos de vida. Este contexto desafortunado, lamentable doloroso que estamos atravesando, nos obliga a hacernos una buena cantidad de preguntas.

Efectivamente. Las consecuencias de este gran problema están a la vista y lo que necesitamos ahora son nuevas respuestas o, mejor dicho, un cambio de paradigma que le permita a cada uno, en primera instancia, poder reconocer con información clara qué tipos de alimentos nos conviene. Porque, sin ir más lejos, muchas veces optamos por consumir algo que él denomina “OCNI”, objetos comestibles no identificados, es decir no estamos incorporando alimentos.

E: – Por lo que comenta, cuando hablamos de alimentación, también hablamos de salud. Si no comemos, nos enfermamos y nos morimos. Lo mismo ocurre si nos alimentamos mal.
¿Usted cree que este tema tan importante y tan básico debería ser parte, al menos, de la currícula escolar como para incorporar esta información de modo que pronto sepamos lo importante que es la alimentación?
C.C: -Nosotros tenemos gravísimos problemas de alimentación y de nutrición que se han venido agudizando. ¿Por qué se han venido agudizando? ¿A qué causas se deben el agravamiento de la problemática alimentaria y nutricional? Si nos pusiéramos más o menos de acuerdo, tendríamos que
rápidamente encontrar alguna prioridad. Países vecinos, como el caso de Chile, han hecho un cambio que resultó ser revolucionario. Simplemente modificando las etiquetas de los alimentos. El
cambio de hábitos alimentarios que se ha visto en Chile, desde hace dos años que se implementó esto, ha sido fantástico sin que haya habido una gran política de educación alimentaria. Tres, cuatro
o cinco imágenes en cada paquete: contiene mucha azúcar, contiene mucha grasa, contiene mucha
sal, automáticamente el consumidor cambió de actitud. Simplemente eso. Esas son herramientas que podríamos implementar. Junto con eso, podríamos acompañar con educación alimentaria y acceso a alimentos de más calidad. En esta semana se terminó de aprobar una ordenanza municipal en Lomas de Zamora por la cual todos los jardines de infantes tienen que tener una huerta orgánica.
Eso es acercarse a la naturaleza, es empezar a producir los propios alimentos, producirlos de una forma determinada y aprender a consumirlos. Eso es otro cambio revolucionario. Si el consumidor
no tiene un rol activo, las transformacionales en el sistema alimentario van a ser más lentas.

E: – ¿Cuál es la responsabilidad de cada uno en este proceso ?

C.C: -Si miramos el panorama, nos vamos a encontrar millones de consumidores, posiblemente miles de productores pero nos vamos a encontrar en cada caso con 5 o 6 grandes conglomerados distribuidores mayorista de alimentos. Uno de capital nacional, los otros no. Y en casi todas las ramas de actividad nos vamos a encontrar como unas pocas empresas, cada vez menos y cada vez más de capitales internacionales. Entonces, estás seguramente no son casualidades y hay explicaciones para eso. En función de nuestras propuestas, nos parece que hay roles o funciones que tienen responsables concretas, Hay unas que son claramente del Estado, de los distintos niveles del Estado. Hay roles que son de la sociedad, de las comunidades, de los grupos organizados, de los movimientos sociales y hay roles que son de nuestra familia y de cada uno de nosotros, que no pueden ser independientes. Así que tenemos que articularlos. Lo que nosotros queremos es construir un puente entre los agricultores familiares y los habitantes urbanos. Parece que el grado de conciencia y organización de los habitantes urbanos es un elemento traccionador muy importante de los cambios y transformaciones a nivel agrario. Los alimentos y la actitud activa de sus consumidores. Acá voy a recoger un concepto de Atilio Boron, rector de nuestra Universidad, que indica que mirando los procesos de América Latina dice que alguna de las preguntas que tendríamos que hacernos viendo lo que nos está pasando ahora es si nuestros gobierno pusieron mucho más énfasis en crear consumidores que formar ciudadanos. A nosotros nos parece que la agroecología la economía social y la organización solidaria constituye la estructura de ese puente.

Ciertamente, este es un tema que merece reflexión. ¿Cómo podríamos cambiar el paradigma de la producción, comercialización y acceso a los alimentos sin que el consumidor no se involucre concreta y activamente? Para estos nuevos espacios revolucionarios, lo más importante es que la base de la soberanía alimentaria sea la democratización de la información, la producción, la circulación y el consumo, ya que sin esta no se alcanza la seguridad alimentaria de la población, el tema que tanto nos preocupa hoy. Por eso, esta cátedra ha estado implementado una feria mensual denominada “del productor al consumidor”, cursos de economía social y la comercialización de bolsones con verduras producidas de forma natural, sin químicos y a precios populares, porque la alimentación antes que un negocio, es un derecho que debería estar al alcance de todos.

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