Padecer “La soledad”

Padecer "La soledad"

La capacidad de estar a solas, es una construcción interna que cada sujeto está llamado a hacer en el transcurso de su vida. Estar a solas es encontrarse con uno mismo, aprendiendo a llenar aquellos espacios internos que han quedado vacíos, por ejemplo, por ciertos traumas infantiles. Fantasía de abandono o abandono real de sus padres, pueden ser unos de ellos.

Sucede muy habitualmente que muchas personas, comienzan un tratamiento psicológico y hablan de cosas y cómo ocupan su tiempo en actividades infinitas que terminan en agobio y cansancio, justamente por evitar un hueco que no saben aprovechar con aptitudes internas, ya que no han podido descubrirlas. También está el caso contrario, no hacen: no tienen iniciativa para lograr estar a solas con una ocupación de interés personal. Estos dos ejes, son los que detienen la posibilidad de pensar en sí mismos y descubrir que aquel vacío existencial puede y debe ser cubierto por necesidades propias, cuya base esta alojada en cada sujeto, lo que uno trae consigo mismo desde el nacimiento.

Cada uno de nosotros tenemos un bagaje de riquezas. Sólo tenemos que detenernos, observarnos y animarnos a explorar, para luego ponernos en acción. Alguien podrá en un comienzo preguntarse ¿Qué puedo o sé hacer yo? Este es “el darse cuenta”. Darse cuenta es la letra A de saber que cuando hay pregunta, siempre hay respuesta. Para comenzar a estar con uno mismo o “sólo con uno mismo”, lo importante es saber que no existe padecimiento en ese encuentro y que uno puede hacer mucho con lo que tiene dentro. REDESCUBRISE.

Lic. Alicia N. Mazzalupo

Psicoanalista

Mail: alicianmazzalupo@hotmail.com

Celular: 15-5014-8548

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Adolescencia

Adolescencia

Adolecer es doler, esta es la situación de los jóvenes adolescentes. Durante esta etapa, los jóvenes no reconocen sus cuerpos, ya que estos van cambiando y se desencuentran con ellos y con el mundo externo, suelen entrar en rebeldía con los adultos mayores; padres, profesores, maestros. Se suelen retraer, no se asean, se aíslan con mucha facilidad. Generalmente suele coincidir esta crisis con la que atraviesan algunos padres, la crisis de la mediana edad.

Es en este momento, lo que algunos autores suelen llamar “situación pendular”, es decir, el joven sale a buscar a su grupo de pares a la calle y vuelve a su casa… este péndulo de entrada y salida, afuera y adentro, esto es lo que debe tenerse muy en cuenta.

Si el joven encuentra en su casa alojamiento, escucha y comprensión de su familia, entrará y saldrá de su casa pero la permanencia será en el hogar, caso contrario, los jóvenes se refugiarán con sus grupos de pares, cuyas normas no han sido bien impuestas y establecidas. Esto merece ser tenido en cuenta desde la familia: familias disfuncionales, hijos con dificultades desde las mas nimias a las mas severas.

Lic. Alicia N. Mazzalupo

Psicoanalista

Mail: alicianmazzalupo@hotmail.com

Celular: 15-5014-8548

Cuando el lenguaje es la violencia

Cuando el lenguaje es la violencia

Encendemos la televisión, y a diario somos testigos de incontables casos donde la violencia se manifiesta en todos sus matices. Desde el nivel mas sutil, hasta su máxima expresión. Homicidios, femicidios, robos seguidos de muerte, delitos sexuales, y toda una catarata de noticias, entre las cuales no faltan casos entre famosos o personajes mediáticos. Modos de vincularse en los que prima la violencia, y donde tampoco faltan los hijos como botín de guerra, como moneda de cambio. Cosificados como objetos que se dan o se quitan para extorsionar al cónyuge, privándolos de su estatuto de niños y de sujetos.

Pero no somos testigos de estas escenas solo a través de la pantalla de televisión. Todos o casi todos hemos protagonizado en alguna oportunidad, situaciones violentas: algún asalto, presenciando una riña en la calle entre automovilistas, o realizando una llamada al 911 cuando advertimos que alguien en el vecindario está en una situación doméstica mucho mas grave que una discusión. Entonces nos preguntamos….¿qué está pasando? ¿por qué tanta violencia? ¿han habido “tiempos mejores”, tiempos mas calmos?

La humanidad, desde sus orígenes, ha tenido que lidiar con los aspectos hostiles, propios y del semejante: el líder de un clan o tribu contra el líder de la tribu forastera que ocupaba sus tierras y espacios, o se llevaba sus mujeres, las guerras en todos los tiempos de la historia del mundo, desde la antigüedad, pasando por el Medioevo, hasta la actualidad.

S. Freud, el padre del Psicoanálisis, situó dos pulsiones básicas y primarias (pulsión entendida como lo mas visceral del sujeto): amor y muerte. En uno de sus ensayos maestros, “El malestar en la cultura”, explica de que manera, las sociedades de todos los tiempos se las han ingeniado para inventar toda clase de situaciones que permitan maltratar, humillar, aniquilar y denigrar al semejante. Sin emitir juicios sobre la “maldad” o “bondad”, explica que la pulsión de muerte o destructiva habita a todo sujeto, independientemente de su condición social, cultural o económica, pues es inherente a la condición humana, y es habitar el mundo “con otros” lo que nos obliga a resignar gran parte de esa pulsión destructiva, ya sea reprimiéndola o transformándola para otros fines menos violentos y mas aceptados socialmente.

Las guerras, la esclavitud, la trata de personas, la inquisición sin ir mas lejos, disfrazada de religión, entre muchas otras, dan cuenta de ello. Como contracara, hallamos las expresiones artísticas o el deporte, entre muchas otras, que permiten vehiculizar los aspectos destructivos con acciones admitidas y aceptadas por la sociedad, o con fines mas elevados y nobles.

Nos preguntamos entonces, si la pulsión de muerte o de destrucción, es universal ¿por qué algunos sujetos son manifiestamente violentos y otros no? ¿por qué alguien puede ser extremadamente violento y agresivo con su pareja y resultar “encantador” para el afuera?

Pues es que, en verdad, el sujeto violento, sabe que lo es, y en la mayoría de los casos puede hacerse responsable de sus actos. Es decir, lo que para la justicia y el Derecho Penal se nombra o califica como “imputable”. Alguien consciente del daño que provoca o puede provocar, y aún así, lo hace.

En estos casos, estaríamos dando cuenta de un nivel de impulsividad elevado, que dificulta al sujeto, pensar antes de actuar, y medir las consecuencias de sus acto, mas allá de ciertos matices que ponen en tela de juicio, cuanto hay de premeditación en cada agresor.

Resulta formidable advertir los avances de la humanidad en todas las áreas, pero llamativamente, el género humano parece no haber hallado un mecanismo que permita regular la violencia. Tal como rezaba el Maestro Freud, el único camino posible es “la cultura”, entendida como entramado social donde el sujeto interactúa con otros, y se ve “forzado” a dejar de lado la satisfacción inmediata de sus pulsiones, en pos de cierta “espera regulada”, que le permita ganar otras cosas: vínculos, relaciones, normas que permitan la convivencia, trabajo, producción de arte y cultura, socialización, etc., pero no se deviene un ser social, sin dejar de lado pulsión.

Precios que se deben pagar para estar en el mundo “con otros”. Cada sujeto tiene su decisión.

Lic. Patricia B. Gutman

Psicoanalista

Mail: psicosenda@hotmail.com

Celular: 15-3366-5014

Coordinadora de Encuentros Reflexivos

http://www.facebook.com/Encuentros-Reflexivos-1621832278039088/

¿Puerperio… o crisis vital?

¿Puerperio... o crisis vital?

Eventos tales como la pubertad, la partida de los hijos de la casa, el fallecimiento de los propios padres, el embarazo, el climaterio, la entrada en la mediana edad, conforman circunstancias que, con frecuencia, desacomodan al sujeto y lo ”obligan” a observarse desde diferentes perspectivas, evaluar donde se encuentra en ese momento, para poder re-acomodarse. Parece sencillo, pero no lo es tanto, de hecho, suelen ser momentos en que muchas personas, deciden acudir a consulta.

Entendemos por “crisis” aquel momento en  que  aquello que venía funcionando de una manera, ya no nos resulta del mismo modo, ya ha dejado de servirnos como guía y necesitamos optar por un camino diferente, aunque sea desconocido, o tengamos que ir creándolo y construyéndolo.

El puerperio, entendido como “crisis vital”, es una circunstancia que atraviesa a la mujer y a su entorno, de una manera mucho mas compleja de la que suele considerarse. Pero…. ¿de qué se trata en realidad? ¿el puerperio tiene un comienzo y un fin? ¿se presenta de una única manera?

Podemos situar el parto, como punto de partida del puerperio, pues es a partir del mismo que tiene lugar toda una etapa “huracanada”, no solo a nivel físico y corporal de la madre, sino principalmente en su mundo emocional.  Se trata de una experiencia tan  intensa y abrumadora, que requiere de mucha preparación emocional de la mujer y un gran acompañamiento y contención de quienes la rodean.

Lamentablemente, en términos generales, suele considerarse el parto/cesárea y el post-parto como un evento circunscripto a una situación meramente física y corporal, en la cual, el médico/obstetra realiza las intervenciones para ayudar a la mujer a dar a luz, y en la cual poco se focaliza sobre su estado emocional.

Desde una perspectiva psicoanalítica, podemos decir que se trata de un momento crítico- ya que hablamos de crisis- en la vida de una mujer, en el cual, el dar a luz y el puerperio, ponen a prueba su estructura psíquica. Se trata de un momento en donde además de dar a luz, “saldrán a la luz”,-si se me permite el juego de palabras-, sus traumas, conflictos no resueltos de su propia infancia, sus  capacidades, recursos y debilidades. Por qué no, aspectos ocultos que aprovechan la ocasión para colarse y salir de diferentes maneras.

Su dificultad es, precisamente, que además de todos esos aspectos ocultos que salen a la luz, la mujer  va a encontrarse con un bebé real que llora, se alimenta, no duerme, y además, no comprendemos muy bien sus demandas. Implica una confrontación con un “no saber” de que manera responder a esa demanda permanente, que naturalmente puede generar angustia, y que hará que en esa mujer, empiecen a ponerse en juego los diferentes recursos con los que cuenta, a nivel psíquico y emocional, para poder “sostener” a su bebé en todas sus demandas.

Por alguna razón, creemos que las cosas y la vida en general, no deberían modificarse demasiado ante estas circunstancias. Existe una idea cultural de una maternidad “endulzada”, donde pareciera que, a pesar de no dormir, no  comer y suspender (al menos momentáneamente su propia vida),  esa mujer tiene vedado el modificar su humor, su estado de ánimo, y parecería que debe seguir siendo una mujer eficaz, resolutiva. Casi “mujer maravilla”.

El período de tiempo conocido como “cuarentena”,  en realidad nada tiene que ver con el puerperio, sino con el tiempo mínimo que desde el punto de vista médico es necesario para  la recuperación del parto. Su finalización no dice nada a cerca  del estado emocional ni psíquico de la madre, por lo que al llegar la “cuarentena” a su término,  no hay elemento alguno que indique que es un  comienzo o un final de algo, y puede tomar muchos meses, incluso  mas allá del año, acomodarse  nuevamente y reordenarse. Circunstancia que suele transcurrir  entre imágenes confusas, y desorganizadas,  sentimientos de amor profundo y frustraciones. Momento crítico en el que también afloran emociones y sentimientos desconocidos. Poder aceptar estos sentimientos encontrados, algunas veces es parte de un proceso natural, y en otras circunstancias, puede requerir ayuda profesional y acompañamiento. Alguien que ayude a ir construyendo ese nuevo camino, porque nada volverá a ser igual.

Lic. Patricia B. Gutman
Psicoanalista

Coordinadora de Espacio Nueve Lunas: www.facebook.com/Espacio-Nueve-Lunas-577378505737757
Mail: psicosenda@hotmail.com

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